Restaurante no 72

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Restaurante no 72

Permítame contarle acerca de un acto muy especial de amabilidad que viví en agosto del 2006 cuando my esposa, Madhuri y yo fuimos a Langkawi una hermosa isla en Malaysia. En camino del aeropuerto a nuestro hotel, nuestro anfitrión decidió parar a comer. Fuimos a un restaurante chino, uno de los lugares más únicos a los que he ido. Todo el concepto de ese lugar me conmovió e inspiró profundamente.


Para empezar, el restaurante se llama “72”, que es realmente el domicilio de esa calle. ¡Al entrar, nos sorprendimos totalmente! ¡No había meseros, menús, gerentes ni sistema de cobranza! Solamente había un abundante buffet con un letrero que decía: “coma todo lo que quiera y pague lo que pueda” ¡Que regalo! Había arroz, fideos, sopas y diversos vegetales. Siendo vegetariano, lo disfruté completamente. Después, había otra extraña costumbre después de la comida. Como era un establecimiento de autoservicio, tuvimos que enjuagar nuestros platos después de comer. Pero lo mejor, aún estaba por venir. Había una enorme caja para donaciones en el mostrador para cualquier donación que se pudiera dar antes de partir. Eso fue todo. La generosidad y confianza en este concepto tan increíble me conmovió realmente.


En este punto, estaba muy curioso en conocer a la persona detrás de esta idea tan ingeniosa. Afortunadamente, la fundadora- una joven señora china llego al lugar. Se veía muy feliz cuando nos sentamos a platicar. Había visto muchas organizaciones de caridad que servían comida gratis, pero nunca había visto un restaurante en el mercado que literalmente ofreciera una tarifa gratis. La señora de amable corazón me dijo que Langkawi es un paraíso para turistas pero muy a menudo algunos, especialmente estudiantes no tienen suficiente dinero para sus comidas. Me dijo que los cocineros son voluntarios y que ella solamente proveía los ingredientes y ellos preparaban la comida en sus casas y la traían al restaurante.


Intrigado por su logística, no pude aguantar preguntarle cómo le hacía para administrar los fondos, ya que no había garantía que la gente haría la donación. Ella dijo, “Te sorprendería saber que nunca tenemos falta de liquidez. La gente siempre aporta más de lo que come”. Incidentalmente, yo había aportado 100 dólares a la caja de donaciones, que era mucho más que el costo, pero estaba muy impresionado con su benevolencia y mi contribución fue una pequeña manera de agradecerle.


Conocerla, no fue nada menos que una experiencia espiritual. Verla radiar con felicidad al hacer este trabajo divino, practicando actos de bondad al azar en el día a día, me hizo realizar que el servicio a la humanidad es la manera más fácil de convertirse en una persona espiritual y espigar la verdadera felicidad en la vida. Estos actos de bondad al azar, son hechos sin esperar nada a cambio y su valor no puede ser subestimado. Esta historia es un hermoso ejemplo de bondad para generar felicidad verdadera que trae una sonrisa a las caras de la gente, y así crear un enlace de por vida.


Al practicar el arte de reír, se dará cuenta que la generosidad y la habilidad para dar, son los resultados naturales de la risa. Es el método más sencillo para disolver el ego y comenzar a fluir de adentro hacia afuera. En vez de recibir, comience a dar. Como dijo Gandhi, “La fragancia siempre permanece en la mano de quien da la rosa.” Tiene muy poco que perder y tanto que ganar – ¡Sólo hágalo!

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